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7/25/2019

Doce días que cambiaron a Puerto Rico



Lo que comenzó como un proceso de indignación colectiva se transformó en un movimiento de lucha que culminó el 2 de agosto de 2019 con la renuncia de Ricardo Rosselló al cargo de gobernador de Puerto Rico.

Desde mediados de julio de ese mismo año, distintos medios de prensa advertían sobre la inminente renuncia de Ricardo Rosselló. La prensa también fue testigo de cómo personal adscrito al Palacio de Santa Catalina maniobraba tras puertas cerradas en áreas designadas de La Fortaleza, dilatando el proceso de dimisión y dejando a periodistas y ciudadanos en ascuas, sin otra información que la súbita aparición de uno de sus allegados para informar que Rosselló Nevares aún trabajaba en su mensaje de renuncia.

 

Mientras tanto, las calles y diversos sectores del Viejo San Juan permanecían atestados de público a la espera de que se produjera la dimisión, tal como habían anticipado los medios de comunicación.


Luego de horas de espera y de un mensaje grabado, Ricardo Rosselló Nevares anunció públicamente que haría efectiva su renuncia el 2 de agosto de 2019 a las 5:00 p.m.

 

Sin embargo, aunque los medios habían sido citados desde temprano en la tarde, no fue hasta las 11:42 p.m. cuando finalmente renunció. Al hacerlo, miles de puertorriqueños sintieron que se abría una luz de esperanza para un pueblo que durante décadas había estado asediado por esquemas de corrupción.

 

La renuncia obedecía principalmente al contenido revelado en un chat privado cargado de burla, desprecio y comentarios ofensivos, en el que participaban doce funcionarios públicos, incluyendo al entonces gobernador.


Aunque todavía existen sectores de la población a quienes les pareció injusto lo ocurrido dentro de aquel marco histórico —pues consideraban inconcebible que grupos anarquistas y sectores de izquierda se apoderaran de la protesta pública—, para la inmensa mayoría del pueblo, incluidos artistas, humanistas, celebridades y una juventud profundamente preocupada y angustiada, era necesaria una consecuencia directa ante las revelaciones periodísticas que apuntaban a un menosprecio alarmante hacia nuestra dignidad como puertorriqueños.

 

Ese menosprecio quedó evidenciado a través del contenido del chat, administrado por las esferas más altas del gobierno. Entre otras cosas, se burlaban de los cadáveres acumulados en Ciencias Forenses tras los huracanes Irma y María, amenazaban a la alcaldesa de la capital y ridiculizaban figuras como Carlos Gallisá y Marta Font del Partido Independentista Puertorriqueño.

 

Así las cosas, en un periodo imposible de olvidar, cientos de miles de personas abarrotaron las calles en un clamor sin precedentes. A esas voces se sumaron miles de puertorriqueños en distintos estados de la nación norteamericana y en otras partes del mundo, todos unidos contra un grupo de políticos profesionales que, desde la oscuridad, amenazaban y se burlaban de la integridad de nuestro pueblo.

 

Lo que trascendió en Puerto Rico durante el llamado “Verano del ’19” culminó como una muestra de empuje y determinación nacional, convirtiéndose en noticia y portada de importantes medios en Estados Unidos y otras partes del mundo.

 

La renuncia sacudió para siempre los cimientos de una clase política recostada sobre el poder, el capital, el engaño y la malversación, así como sobre expresiones desafortunadas que dejaron al descubierto un profundo desprecio hacia nuestra sociedad.

 

Lo acontecido en aquel periodo histórico debería hacernos comprender el significado y alcance de aquellos hechos. Tal vez sea momento de comenzar un ejercicio de introspección y reflexionar sobre las circunstancias que nos han traído hasta aquí.

 

Debemos profundizar en nuestro amor patrio e intentar defender nuestro modo de ser puertorriqueño frente a postulados políticos sostenidos por la mentira y la burla constante, aunque muchas veces escondida.

 

En apenas doce días, nuestro pueblo fue capaz de poner fin a la carrera política de una persona que ocupaba el cargo más alto del país. No fue con armas. Por el contrario, los manifestantes fueron objeto de violencia y ataques verbales que todavía hoy no han cesado.

 

Desde aquel momento dejamos de ser meramente un pueblo conforme y sin cuestionamientos. Ante el mundo quedó evidenciado el respeto hacia un pueblo que decidió levantarse.

 

Puerto Rico se transformó. Tal vez, como concluye la poesía “En la Brecha”, de José de Diego:

“¡Levántate! ¡revuélvete!, ¡resiste!

Haz como el toro acorralado: ¡muge!

O como el toro que no muge: ¡embiste!”

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