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| Foto: José Carlo Burgos / Cementerio de la Capital, Viejo San Juan , Puerto Rico |
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3/03/2012
La Salvación es Individual
Soy Artista Plástico con una Maestría en Artes de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y un Bachillerato en Artes Visuales de la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Mi experiencia abarca tanto el campo de la publicidad como la fotografía urbana, contribuyendo periódicamente con mis imágenes a Getty Images. También me apasionan la cultura y los temas políticos, que a menudo inspiran mi trabajo artístico y mis reflexiones. Además, disfruto explorar la escritura como un medio de expresión personal.
2/22/2012
Historias que no olvido: Análisis sociopolítico desde el Centro Médico
Con este artículo intento equiparar mi experiencia como fuente para potenciar y aportar desde el marco de la resistencia social y la invisibilidad comunitaria donde las vidas parecen ser inconexas e inexistentes a través de un breve relato. En ese sentido, este escrito se inscribe en el lenguaje y la verdad, como afirma Zambrano, “desde que el pensamiento consumó su toma de poder, la poesía se quedó a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada, diciendo a voz en grito todas las verdades inconvenientes, terriblemente indiscreta y en rebeldía” (Zambrano, 1996, p. 14).
La Sala de Trauma de Centro Médico: Epicentro de la cotidianidad invisible
Esto ocurrió en el Área de Trauma del Centro Médico de Río Piedras, mientras acompañaba a mi madre quien se había caído y no se podía mover. Un vehículo se estaciona y de su interior sale un individuo cuya apariencia era similar al atuendo de un gatillero . Del otro lado, gimiendo fuertemente, sale un personaje sin percatarse que su sangre pintó su camisa hasta la mitad de su rodilla. Mientras fumaba, yo lo observaba en las afueras cuando un guardia que fumaba también se me acercó y me dijo “esa es la adrenalina pai, y eso que tú no has visto na’, aquí acaba de pasar uno con par de tiros caminando con su hermano”.
Mientras eso ocurría, se me acercó una chica embarazada acompañando a su marido quien había llegado con un dedo colgando de un pellejo. La chica me contó que antes de llegar con su marido, los médicos le indicaron que el hijo que esperaba tenía espina bífida. Ella tenía tres hijos con el marido actual, quien era divorciado con tres hijos. Él le había sido infiel y había preñado a otra mujer y la criatura producto de ese embarazo vivía con ellos.
De pronto se nos acercó un hombre tatuado y nos relató que la noche anterior, cuando llegaba a su casa, su mujer le trancó el portón porque estaba medio borracho. Frente a su casa, su hijo estaba llegando y le texteó que había una nébula. Un auto que rondaba se detuvo. Dos hombres se bajaron. Padre e hijo, se les había bajado la nota , y estaban planta‘os frente al portón cuando estos dos se acercaron para asaltarlos.
El primero atacó al hijo con un punzón y se lo espetó en la espalda. El hijo, le arrancó el arma al asaltante y lo hirió provocándole que se retorciera. El papá, tenía al otro agarrado con un solo brazo. El hijo, consiguió una “llave de perro” y le dijo al asaltante “que le iba a explotar el cráneo”, pero el hombre logró zafarse, agarró al otro y los dos arrancaron chillando goma.
Me hubiese quedado más tiempo, pero salió el médico indicándome que los análisis de mi mamá iban a comenzar. Me despedí de todos con un abrazo. Con el tiempo, mi mamá empeoró, y antes del paso del huracán María, falleció. Mi tía, quien estuvo conmigo todo ese tiempo y era la persona que la cuidaba, murió un año después.
Análisis sociopolítico de la periferia: Identidad, cultura y lenguaje
Poder penetrar la profundidad social nos obliga a comprender áreas donde otro tipo de lenguaje determina la cotidianidad como un síntoma sociopolítico. Cuando pienso en la mujer embarazada, entro de lleno a un tipo de análisis donde “las nociones de identidad y cultura que comienzan a desplazar a otras, como las de redistribución igualitaria, estructura social o la de clase” (Santander, 2011, p. 208). Asimismo, dichas circunstancias me sitúan ante una conceptualización que me confronta con la existencia conflictiva de la vida y bajo esos términos, mi formación graduada tiene que servir de escudo, pero al mismo tiempo de bondad y comprensión ante un cuadro humano que nos pertenece y no podemos abandonar.
Soy Artista Plástico con una Maestría en Artes de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y un Bachillerato en Artes Visuales de la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Mi experiencia abarca tanto el campo de la publicidad como la fotografía urbana, contribuyendo periódicamente con mis imágenes a Getty Images. También me apasionan la cultura y los temas políticos, que a menudo inspiran mi trabajo artístico y mis reflexiones. Además, disfruto explorar la escritura como un medio de expresión personal.
2/20/2012
El Río Piedras que perdimos
Recuerdo mis años de adolescencia como estudiante de séptimo grado en el Colegio San José de Río Piedras, un colegio católico de varones cuyos salones alfombrados y acondicionados contrastaban con el bullicio intenso del pueblo que nos esperaba afuera.
Al finalizar el periodo de clases, el timbre sonaba a las 2:50 de la tarde y, junto a mis compañeros, descendíamos la cuesta del colegio para caminar hacia lo que entonces se conocía como el Corral de las Guaguas de la AMA (Autoridad Metropolitana de Autobuses).
Nos dirigíamos hacia Capetillo, nombre con el que muchos identificaban aquella zona donde convergían las guaguas públicas. Eran tiempos en que el pasaje costaba apenas diez centavos. Sin embargo, más allá del trayecto, lo verdaderamente inolvidable era el olor del pueblo.
Las aceras estrechas, las tiendas grandes y pequeñas, los puestos improvisados repletos de misceláneas, muñecas, regalos y ropa colgando de ganchos formaban parte del paisaje cotidiano. Tiendas como La Reina, La Sortija y Pitusa prosperaban mientras el Paseo de Diego florecía con establecimientos únicos que daban identidad propia al corazón de Río Piedras.
Caminábamos seguros con nuestros uniformes escolares mientras el ruido ensordecedor de las bocinas anunciaba ofertas desde distintos comercios. El movimiento de la gente, los olores y el calor del pavimento componían una experiencia urbana imposible de olvidar.
También estaban las librerías, especialmente La Tertulia, un espacio intelectual casi sagrado donde florecían conversaciones filosóficas y políticas frente a interminables estantes de libros. En aquella época, esos lugares representaban el sueño de cualquiera que deseara pensar libremente.
Me fascinaba observar y tocar cada uno de aquellos textos. Tener en las manos Un diálogo sobre el poder de Michel Foucault, publicado por Siglo XXI, era una delicia intelectual. Pasar las páginas de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, El túnel de Ernesto Sábato o El extranjero de Albert Camus —muchos publicados por Seix Barral— se convertía en toda una aventura personal.
Y, por supuesto, estaba la Plaza del Mercado, cuyos negocios despertaban nuestro apetito con frituras y comida criolla que difícilmente podía encontrarse en otro lugar. El arroz con gandules, el pernil, las chuletas y las habichuelas guisadas poseían un sazón profundamente puertorriqueño que todavía permanece en la memoria.
Con el tiempo, el desarrollo de grandes centros comerciales, climatizados y cuidadosamente organizados, fue desplazando poco a poco aquel entorno cultural y humano que hoy resulta tan difícil de rescatar. Los hábitos de consumo cambiaron y la comodidad comenzó a dominar las decisiones de compra.
Como adulto, todavía siento una profunda nostalgia por aquellas tiendas que desaparecieron ante el crecimiento de los enormes centros comerciales y sus interminables especiales. Aun así, permanece en mi memoria el calor sofocante del pavimento, las filas repletas de gente y la energía irrepetible de un pueblo vivo.
Tampoco puedo olvidar Santa Rita y sus interminables partidas de ajedrez, acompañadas de discusiones filosóficas y debates políticos que, casi sin proponérselo, rozaban la utopía poética de nuestra patria.
Por eso jamás podré olvidar a Río Piedras.
Soy Artista Plástico con una Maestría en Artes de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y un Bachillerato en Artes Visuales de la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Mi experiencia abarca tanto el campo de la publicidad como la fotografía urbana, contribuyendo periódicamente con mis imágenes a Getty Images. También me apasionan la cultura y los temas políticos, que a menudo inspiran mi trabajo artístico y mis reflexiones. Además, disfruto explorar la escritura como un medio de expresión personal.
2/18/2012
Jueces en la madrugada
Resumen: El juez es el actor principal encargado de resolver los conflictos sociales (Quintana, 2017). No obstante, existen grupos que, sin ser jueces oficiales, asumen un rol decisivo para buscar justicia en su entorno. Este escrito analiza el pensamiento de estos grupos frente a su deseo de ser justos. El análisis demuestra que su juicio no es neutral, sino que está influenciado por sus propios prejuicios y por los prejuicios de las personas con quienes se identifican.
Introducción:
A pesar de no vestir togas y mucho menos poseer el "temperamento judicial" del que tanto hablan los analistas en la radio, la gente común escucha, analiza y comprende perfectamente su entorno. La gente humilde y trabajadora en Puerto Rico no merece el menosprecio político ni la injusticia social que padece a diario.
La tertulia de la estación
Ha transcurrido más de una década desde aquellos días en que, lejos del bullicio social y la perpetuidad política que carcome nuestro entorno, me sentaba junto a varios trabajadores a comentar el acontecer noticioso. Como pasa en la vida, esos momentos se graban y se convierten en recuerdos imborrables.
Era un junte al amparo de la madrugada, arropados por la frescura de un amanecer que, poco a poco, nos calentaba. Éramos apenas cuatro o cinco individuos. Cada uno pertenecía a un sector social radicalmente distinto, pero estábamos juntos a pesar de los idearios de cada cual.
Sentados en el borde de la acera de una estación de gasolina, nuestras carcajadas llegaban hasta el interior del establecimiento. Con el pocillo de café en mano, nadie se salvaba; ni el más lindo, tan siquiera. Analizábamos los periódicos saturados de noticias, especialmente cuando se tocaba el ámbito político.
Hubiera sido interesante tener el insumo de este grupo callejero, del cual yo formaba parte, ante el presente que vivimos hoy en Puerto Rico: un escenario cuyos hechos han agrietado la estructura de un gobierno que apenas sobrevive. Ellos no eran ejecutivos, académicos ni intelectuales; mucho menos catedráticos y, Dios los salve, de pensar por un segundo como analistas políticos.
Era gente que madrugaba día a día para trabajar en la jardinería, recogiendo basura o pintando residencias. En mi caso, me llamaban “el político”. Eran hombres sencillos, muy lejos de esa visión hipócrita en la que se mueve un sector de la sociedad puertorriqueña.
Sentencia final y firme en la acera
Dentro de esa tertulia de madrugada, nuestra sentencia era final y firme. Dictaminábamos nuestro juicio sobre el acontecer diario como si estuviésemos en un estrado. De manera que, sentados en la acera aunque fuesen escasos segundos, nos convertíamos en jueces. Sentenciábamos al más lindo y al más feo; repudiábamos la injusticia y la corrupción. En una isla donde los políticos se han robado el país, no nos quedaba de otra que disfrutar el pocillo de café mientras nos desahogábamos.
A veces llegaban los partidarios, los que hablaban de las intimidades de los candidatos y, créanme, nos dejaban sin habla por varios segundos.
El tintero de la acera y la rabia del presente
Sin embargo, el tiempo pasa. Algunos han dejado de trabajar y otros se han mudado, rompiendo la costumbre de sentarnos a conversar. Puerto Rico ha cambiado y yo tampoco soy el mismo. Quedan muchos temas en el tintero de la acera, pero el trabajo diario y las responsabilidades me han alejado de la estación.
Aun así, pienso en todo aquello que hemos atravesado como por ejemplo, el asunto de los escándalos de este gobierno que han inundado mi espíritu de rabia y coraje. Es una sensación difícil de describir. La impunidad salta a la vista; la manera en que los cabilderos políticos se despachan con el sufrimiento humano nos deja en un silencio atónito, sabiendo que podrán engañar al mundo entero menos a este pueblo.
Un pueblo que ya no calla
Pero no aprenden. Los políticos apenas comprenden los resultados de sus actos. No respetan a nuestra gente. La subestiman y piensan que el colectivo todo lo aguanta mientras se mantenga dentro de ese bipartidismo enfermo. Se equivocan. Cada acción tiene consecuencias, máxime ahora cuando las redes se han transformado en una herramienta poderosa y capaz de cambiar el rumbo político de cualquier lugar.
Mientras tanto, aunque sea desde lejos, el pasado siempre me extiende su brazo y me saluda. Yo le extiendo el mío; a pesar del tiempo y el espacio, el vínculo de la madrugada seguirá en pie a menos que ya yo no esté presente.
Referencia
QUINTANA, E. V. (2017, September 11). ¿Quién debe ser juez o jueza en Puerto Rico?Retrieved from elpostantillano.net.
Soy Artista Plástico con una Maestría en Artes de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y un Bachillerato en Artes Visuales de la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Mi experiencia abarca tanto el campo de la publicidad como la fotografía urbana, contribuyendo periódicamente con mis imágenes a Getty Images. También me apasionan la cultura y los temas políticos, que a menudo inspiran mi trabajo artístico y mis reflexiones. Además, disfruto explorar la escritura como un medio de expresión personal.
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