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5/17/2018

Al Final del Camino - Capítulo 2

El comienzo de una novela

Dentro de aquel apartamento, una idea le dio vueltas en la cabeza, ante la presencia del cuerpo muerto de Pablo. Hacía mucho tiempo que él no escribía, pero este acontecimiento vovlvía a rejuvenecer esas ideas que se habían quedado dormidas desde hacía mucho tiempo.

Escribiría y les digo que así lo hizo, una historia sobre el elemento más importante del caserío. El que manejó la esquina desde joven y al que todos le tenían respeto. Lo que escribió lo hizo por puro placer porque como siempre me dijo no quería fama ni mucho menos gloria por sus letras. Lo único que siempre deseó fue que en algún lugar del universo la vida de su amigo no se quedara en el olvido.

En su mente había diseñado el proceso literario como un relato simple, con el ánimo de entrelazar los hechos, utilizando las palabras correctas. Me dijo que de hacerlo, no lo iba a escribir como una confesión, porque no era un “fucking”chotaSiempre me insitió en que no quería convertirse en un puto cristiano De hecho siempre me expresó que nunca soportó las hipocresías desde un púlpito y las ideas de salvación de un supuesto rapto cristiano.

Los hechos que comenzaría a redactar se tenían que manifestar en su pensamiento como si fuera a ser poseído. Él estaba seguro que en momentos sería como si perdiera el conocimiento. Como si no tuviera control dominio de sus manos y sus dedos. Él supo desde que comenzó esa aventura que sería otra persona la que escribiría en silencio. 

Y mientras lo hiciera, el proceso literario llegaría con la oscuridad y muy lentamente caería sobre él. La penumbra se haría dueña de las sombras y las sombras se apoderarían de su ser. Sabía que una vez cogiera el lápiz para comenzar, vendrían los seres de otros tiempos. Los espíritus del pasado que tuvieron un poder misterioso en su persona años atrás. Llegarían de pronto para fluir en su conciencia. Eran seres que reclamarían su sentido de pertenencia. Desde ese momento, al instante mismo de emprender esa jornada, sabría no hay vuelta vuelta atrás.

Mientras se daba otro cigarrillo veía a gente que rodeaba la caja de Pablo como si fuera una guardia de honor. Un puñado pendejo de tipos viejos que se saludaban y se tocaban la espalda como si todo el tiempo hubiesen estado juntos. Él los miraba detenidamente y por su aspecto intuía que las drogas, alcohol y la violencia se combinaron para hacer escante en cada uno de ellos. Algien se le acercó y curiosamente le dijo que la cárcel se había tragado a un par. Cuando él preguntó, le hablaron de motines en las prisiones publicadas en las primeras planas de los periódicos de entonces. Había uno que no estaba con el grupo. Ese que faltaba: Pablo lo mató.

De él hablaré más tarde...

El primer paso que realizó para comenzar su proyecto fue examinar los hechos que trajeron a Pablo a Puerto Rico. Él sabía que no podían estar basados en meras conjeturas. En eso siempre fue enfático, cuando hablaba de conjeturas se refería a especulaciones sin sentido. Eso en particular lo enfadaba porque no podía escribir sobre acontecimientos en donde la verdad era incierta o tal vez mentira. No estaba dispuesto a crear una leyenda o una historia absurda de alguien que ya no existía.

De sus primeros borradores encontró que en 1980, Pablo llegó a Puerto Rico. Viajaba de regreso al lugar donde se crió: El Caserío. Era el mundo que lo vio nacer y que dejó atrás desde muy joven. Entrevistó a mucha gente de allí y supo de primera mano que Pablo estaba harto de su familia, de sus discusiones y sus peleas. Por eso se fue.

Cuando me hablaba de Pablo, lo describía como un hombre negro como el azabache, delgado y erguido como un roble. Se manejaba siempre con el ceño fruncido. Siempre estaba listo para irse a las manos con cualquiera, en cualquier momento. 

Cuando examinó detalladamente los expedientes y sus notas se dio cuenta que Pablo salió huyendo hacia Puerto Rico para evitar acusaciones de índole legal por cargos de violencia doméstica en Estados Unidos. Él estaba completamente seguro que Pablo pensó en aquel momento que nadie lo buscaría y menos aún, —¿quién carajo lo iba a encontrar en su caserío?—me decía atormentado.

Se adentró profundamente en su vida y su novela se convirtió en un proyecto de investigación. En ese sentido se percató de inmediato que Pablo, desde joven adulto estuvo solo. No quería que nadie lo ayudara. Nunca tuvo deudas con nadie. Desde adolescente, poco ante de irse a los estados, lo reclutaron en el punto que rodeaba la esquina como un pelotón de fusilamiento. Allí aprendió rápidamente a cuadrar el billete y a guardarlo en el gabinete de su cocina. Bien escondido, como el mismo expresaba “por si algún día pasa algo”.

Bajo ese régimen callejero y dentro de ese sistema, Pablo fue un soldado. Le veló el culo a su gente y al “traqueteo” como si fuese un vaquero. Salió armado en infinidad de ocasiones, hasta los dientes, para buscar material por lo cual se mantenía tieso y sin pestañear. Precisamente como un soldado, protegiendo, disimulando y pendiente todo el tiempo.

Según la gente del barrio, cuando Pablo se preparaba a salir, su rostro se transformaba en una criatura despiadada. Con ojos profundos. Como si la llama de una hoguera inundara sus párpados. Estaba consciente hacia dónde iba y estaba seguro de lo que tenía que hacer. No quería convertirse en el bichote del punto. Tampoco quería ser gatillero y mucho menos: asesino. Su ambición era llegar a ser un hombre sencillo, decisivo en las discusiones y en las ideas.

En las calles del caserío todos ellos le temían y le tenían respeto. Su palabra era ley. Nadie nunca se atrevió a joder con él. Cuando caminaba por la calles la gente que lo conocía lo saludaba, Pablo contestaba con algún tipo de disimulo. Como cuando se le teme a alguien que camina cerca de nosotros, nos ponemos nerviosos y sentimos su presencia aunque esté a millas de distancia. Miraba a la gente de reojo y parecía que no le importaba nada en el mundo. Sus pasos eran largos y firmes. Humilde y callado, nunca hablaba más de la cuenta y jamás decía lo que hacía.

Como Dante, Él pensó que Pablo hizo algún tipo de juramento. No con los que viven supuestamente en el Paraíso, a la diestra del Padre, arriba de nosotros. Sino con el mundo de abajo. Con esos seres asediados por el fuego inmortal de la vida cotidiana, propio de los malos espíritus. Seres que por cosas sin sentido cayeron en lo más bajo y ahora tenían que purgar sus culpas en vida. Su corazón le dijo desde el momento que empezó a escribir que Pablo había hecho un pacto con su conciencia y con las calles arropadas de violencia.



Chota - Persona que da quejas o acusa a los demás.
Punto - Un sitio en la calle que venden drogas, o el sitio de una ganga. como en inglés "turf".
Bichote – El que controla varios puntos de drogas en todo un sector o en todo el país.
Gatillero - Asesino a sueldo, "killer", "hit man".


Capítulo 2, Al Final del Camino, novela escrita por José Carlo Burgos. © Todos los derechos reservados, 2018. Prohibida la reproducción total o parcial sea digital o copias digitales sin previa autorización del autor. Ilustración: José Carlo Burgos Los personajes son ficticios. Cualquier semejanza a la realidad, es pura coincidencia.

5/16/2018

Al Final del Camino - Capítulo 1


¡Qué solos se quedan los muertos!

Él siempre pensó que la edad le traería de golpe sus desaciertos en la vida. Y así fue. Su deterioro humano jamás se detuvo con la edad. Aunque no era tan viejo sabía que cada año que transcurría parecía como si se volcara ante él con truenos y relámpagos en días de tormentas. El resplandor  atravesaba la oscuridad de su apartamento, agrietando el flujo sombrío y oscuro de la noche.

Sus decisiones ahora viajan en distintas direcciones mientras su vida irónicamente continuaba.

—Es el destino de algunos seres que están destinados a esperar un momento de paz que lo más probable nunca llegará—, me decía. 

Decidió desde muy joven caminar en las sombras para pasar desapercibido. Quiso huirle a la sensación de compañía que siempre lo había perseguido. Por eso acondicionó su alma y su espíritu hacia un destierro emocional que lo apartara lejos de la gente.

Cuando se miraba en el espejo, veía su semblante y veía su pasado. 

Un halo profundo lo traía de vuelta a su realidad. Una realidad que lo tiraba con fuerza cada día como si fuera un personaje caminando en la cuerda floja. Él observaba las noticias y los acontecimientos que sucedían en Puerto Rico, como si escuchara un duelo mortal interminable.

Su música estremecía su interior de una manera mágica, perversa y depresiva. Ese sonido le devolvía en segundos su sentido de existencia. Un elemento misterioso que con aquel fluido espiritual que solo se desprendía de las guitarras eléctricas y las voces, hacían vibrar las paredes y las ventanas.

Se frotaba en el baño esa noche, tratando de escapar y dejar a un lado las imágenes sexuales que siempre lo habían acompañado. La obertura rítmica de “Wish you were here” seguía su curso, cuando la máquina de mensajes interrumpió la sesión sagrada de ritmo que penetraba el espacio oculto de su habitación. Una voz anónima, sin identificar le dijo que Pablo había muerto.

Al concluir el mensaje, una nube tenebrosa se apoderó de su cuarto, inundó la cama y acostado boca arriba, miraba el techo con los ojos perdidos mientras se iba en un viaje. Esa voz reconocible lo detuvo. Paró en seco cualquier deseo erótico que caminó en ese instante cerca de la masturbación. Había estrujado de tal forma las paredes de su cuarto que ese espacio astral, único y clandestino había quedado al descubierto.

Después de varias horas de haber bordeado el hemisferio oculto de la locura mental y a pesar de cómo él se sentía, decidió salir de su encierro. Se puso ropa ligera y colocó la cajetilla de cigarrillos en su bolsillo y salió despacio hacia donde lo estaban velando. Sabía que en algún momento lo llevarían a la funeraria, se le rezaría un  padre nuestro y ahí terminaría todo.

Tenía una sensación extraña en su piel, sentía que estaba imitando a algún pariente sombrío, listo para despedirse de su amigo.  Trató de entrar en silencio pero lo reconocieron de inmediato. Luego de los saludos que se sobran en momentos como esos; el cuerpo estaba frente a él. Frente a sus ojos. En una caja simple, de madera y vestido de punta en blanco. Lucía sereno por primera vez. Como si hubiese visto un ángel que lo esperaba en cualquier sitio.

Al verlo en ese momento concluyó definitivamente que la consecuencia final de cada vida es la muerte. No había forma de escapar de ella. Comprendió perfectamente las palabras de “Tito”, que llegaron de visita a su conciencia;
—“es que tú tienes que vivir cada día como si fuera el último”— le decía

Él se sentía intranquilo, incómodo. A pesar de la tristeza de haber perdido a su amigo, de cierto modo encontró algo de fortaleza en el estado de conciencia que siempre le proveyó algo de serenidad a lo largo de su vida: una profunda soledad. El estado perpetuo de aislamiento total y constante que lo había llevado a un proceso existencial.

Las circunstancias de entonces tuvieron un efecto devastador. Él decía que las circunstancias obran por sí mismas. Son autónomas. No se debían a nada y mucho menos a nadie. Carecían de lealtades. Afectaban la vida y los espacios de cada uno. Hacían su trabajo con éxito y sin piedad. No existía una forma real para hacerle frente. Añadía que esas mismas circunstancias, después de consumir la mayor parte de su vida, se convirtieron en situaciones fuera de su control, destruyendo a su paso su sintonía humana.

Frente a ese semblante inmóvil, incierto y callado, escuchó cómo en ese apartamento le dijeron tantas cosas. Sobre todo quiénes fueron sus amigos. Parado en una esquina, sólo y sin decir una palabra. En su mente deseó que supieran que a diferencia de ellos, sobrevivió los embates de las fuerzas ocultas de su espíritu. Él estaba vivo. En ese preciso instante, supo que justo en el momento de la verdad; pudo cambiar.

Mientras fumaba en la sala, pensaba en los libros que compartió y discutió innumerables veces. Una leve brisa que reconoció entonces le trajo las rimas de Bécquer que cuando joven las estudió en la escuela. En aquellos días cuando los libros caminaron junto a él. Esas rimas dieron vueltas sin parar en todo aquel paisaje fúnebre y se acercaron de pronto para irse sin dejar rastro. Sólo se quedó en el ambiente, el dulce sonido de una voz lejana, como si fuera de ultratumba, recitando en silencio:

“Ante aquel contraste
de vida y misterio.
De la luz y tinieblas,
Yo pensé un momento
-¡Dios mío, qué solos!
se quedan los muertos!”.

Gustavo Adolfo Bécquer – Rimas LXXIII

Capítulo 1, Al Final del Camino, novela escrita por José Carlo Burgos. © Todos los derechos reservados, 2018. 
Prohibida la reproducción total o parcial sea digital o copias digitales sin previa autorización del autor. Ilustración: José Carlo Burgos




5/14/2018

La fotografía en las calles...

JC Burgos / Fotógrafo urbano y foto periodista

Una extensión de mi alma


Una forma en la cual nos une a todo lo que nos rodea. Nos permite comunicarnos y expresarnos desde un punto de vista que se ampara naturalmente en la temperatura de las calles. De cierto modo nos descubrimos y nos presentamos de la forma más sencilla, humilde y prudente posible.

La imagen; ese producto visual que nos conduce por senderos inesperados, es realmente lo que cuenta. Para llegar a ella, el camino no es tan fácil: cada segundo cuenta. Nuestros movimientos producen cambios, el dominio visual nos atempera la escena y nuestros dedos mueven el gatillo lentamente para realizar el disparo en la cámara. En fracciones de segundos se produce algo que nos mueve y nos incita a seguir intentándolo.

Ese enlace es nuestro, es único. Nos ganamos ese derecho. Ese vínculo que hasta ese instante constituía una abstracción mental, se compuso de una forma maravillosa, cuando todavía comenzábamos esa jornada visual que solo se producía en nuestra imaginación.

Esa una manera de ver nuestro escenario callejero. De aceptar nuestra presencia y aprender a hablar en silencio, con un instrumento poderoso en la mano. Cuando Diane Arbus salía a retratar, decían que no llevaba una cámara. Para mucho críticos, veían su instrumento como un fusil social.

Para tales efectos, lo único que nos separa de un tiro es el contenido emocional de nuestro espíritu y el instinto artístico que se integra a nuestra normativa, nuestra estrategia y talento fotográfico.

Otra cosa extraordinaria es el contacto humano. La gente que padece. La gente que habla sobre una filosofía de vida propia, con un lenguaje único que solo puede escucharse en las calles... Un elemento esencial cuando nos movemos en direcciones donde muchos se nos acercan y nos cuestionan. Pero cuando nos sentamos con ellos, y hasta comemos en la misma acera destruida, los almuerzos que traen sectores religiosos, aprendemos a unirnos a ellos, a ese mundo tan lejano del nuestro.

He visto cosas muy tristes pero he visto también cosas extraordinarias. Pero más que todo, veo cada día que salgo, un pueblo que está vivo y latente. Que sobrevivió un evento catastrófico hace poco. Y que hoy vive una jornada política que puede cambiar la vida de todos aquí. A pesar que no estoy de acuerdo con la violencia, a veces el maltrato político puede crear circunstancias de tal magnitud que hasta la gente más dócil comienza a manifestarse y a revelarse.

Cuando le llega el momento a los pueblos; callarse ya no es alternativa.










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5/10/2018

La Leyenda del Jacho

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Mi abuela nos sentaba cuando chicos mientras nos servía sus frituras y nos contaba historias. Doña Mariana, que era su nombre para nosotros siempre fue "Agüe", que era como decir en cierta forma abuela cuando muy niños.

Una de esas noches, antes de acostarnos nos contó la leyenda del "Jacho", y me acuerdo como ahora que apenas dormí... Me revolcaba en la cama, no paraba de moverme...

Por las persianas se metía la brisa fría de madrugada y meneaba el mosquitero...

Era como si de pronto algo se apoderaría de la tela para caerme encima y atraparme para siempre.

El "Jacho" era un supuesto hombre en el pueblo de Comerío que se pasaba la vida quejándose y maldiciendo. Nada lo satisfacía y nadie se le acercaba por su propio carácter. La gente del pueblo hablaba de él y a veces se reían a sus espaldas.

Se decía que la mujer lo había abandonado y que sus padres habían muerto mucho tiempo atrás. No tenía hijos. Estaba solo y así vivía.

Agüe nos contaba que a veces lo veía en el río tratando de lavar la ropa, siempre con ese ceño fruncido como si todos le debieran algo.

En las noches jalaba una canequita, mientras se iba caminando y vociferaba por las calles. —"cogía unas jumas"—decía Agüe muerta de la risa.

A veces blasfemaba y decía cosas que no me atrevo ni a repetir. Hasta el más ateo de los ateos jamás se atrevería a pronunciar cosas como las que este hombre decía gritando mientras bebía.

Pero una de esas noches, se quedó dormido en el balconcito de su casita de madera con un cigarrillo encendido. Dormido y borracho como estaba se cayó al suelo y el cigarrillo cayó encima de una toalla rota cerca de un quinqué. La toalla se prendió en llamas y el quinqué explotó como una granada.

Cuando el Jacho se levantó, la mitad del balcón ardía en llamas. Era una época que no existía el 911, celulares o unidades de rescate. La gente se dio cuenta por el humo y los gritos de este ser humano.

Ya en ese instante la borrachera se le había ido. Los vecinos agarraron los cubos que tenían a la mano y se fueron pa'l río a ver si contenían las llamas, pero ya era tarde.

El fuego consumió la casita de madera en minutos.

Cuando en la madrugada el sol se asomaba por el monte, alumbraba poco a poco los residuos de madera y el humo negro que se esparcía por los alrededores.

Uno de los vecinos que vivía solo también, le dio albergue en lo que hacían algo para levantar lo que fue su casa por tantos años.

Él seguía bebiendo, salía a caminar... Cada vez era peor que la anterior.

Una de esas noches, el Jacho cogió un crucifijo de madera y lo prendió en candela maldiciendo a Dios, como si hablara y discutiera en medio de la locura de bebida que comúnmente le daban.

Mientras Agüe nos contaba esa escena; se persignaba y le pedía perdón al Santo Padre.

Cuando ya no podía sostener el crucifijo por el caliente, lo tiró al río desde un puente que había en el lugar. Allí lo escupió mientras caía y se desintegraba con las cenizas en el agua. Dijo cosas que no me atrevo a expresar aquí.

Llegó a esa cabaña del vecino de madrugada. Cerró la puerta y se tiró en el catre boca abajo, con una pestilencia a ron que se sentía a dos cuadras del lugar.

Pasaron algunas horas y el Jacho no salía del cuartito. Hasta que el vecino, ya desesperado, le metió una golpe a la puerta y la abrió a la fuerza.

El Jacho estaba con la boca abierta, tieso como un cuartón de madera y con los ojos abiertos como si algún espíritu maligno lo hubiese ido a buscar.

El vecino llamó por el patio a su comadre que vivía en la parte de atrás y en minutos hasta se le apareció el espiritero del pueblo a ver qué era lo que pasaba.

Poco después llegó el alcalde y logró que la guardia se llevara el cuerpo para enterrarlo en una fosa común en un terreno baldío donde apenas aparecían ciertas cruces de madera.

Al pasar el tiempo, los vecinos comenzaron a quejarse de ruidos extraños en un pequeño río a la orilla del puente que estaba cerca de allí.

Uno de los vecinos ya estaba demasiado nervioso y llamó al espiritero para que le dijera...

Y a la luz de un pequeño quinqué, que eso era lo había en ese tiempo, este conocedor de las ciencias ocultas les dijo al vecinos que se habían congregado que cuando el Jacho murió se le apareció un espíritu y se lo llevó al río.

El espíritu le dijo que tenía que encontrar todas las cenizas del crucifijo que había quemado y tirado al río. Hasta que no las encontrara todas, no subiría al cielo...

Todos se quedaron mudos. En silencio. Nadie hablaba, solo el humo de los cigarrillos de las manos temblorosas de los vecinos era lo que se notaba en aquella tenebrosa noche.

Muchos años han pasado. Ya prácticamente ninguno de ellos está vivo. Pero mi Agüe contaba, que en las madrugadas, si te ibas pa'l puente, en algún momento verías la sombra del jacho buscando las cenizas...

La gente hablaba de la leyenda del Jacho y de hecho muchos testimonios de personas en el pueblo aseguraban haberlo visto.

Dice la Leyenda que su llanto se escuchaba a lo lejos como un alarido de horror que atravesaba los matorrales y moría cuando el sol salía, como si de momento se escondiera durante el día su lamento.


La ironía de una candidata...

Carmen Yulín Cruz, toma de posesión como alcaldesa de San Juan
A siete meses antes de las elecciones de 2012, el Partido Popular Democrático la había tirado a los leones con una candidatura a la alcaldía de la ciudad capital. Se enfrentaba en aquel momento histórico al más fiero de los guerreros del partido contrario: Jorge Santini.

Tal y como lo hizo David cuando venció a Goliat con una pequeña onda, Carmen Yulín destrozó las aspiraciones de un alcalde a ser reelecto y lo dejó llorando días después, para sorpresa de miles de ciudadanos que daban por hecho la derrota de la candidata. Con lágrimas en sus ojos, el hasta ese momento alcalde, tendría que aceptar una derrota dolorosa. Trágicamente para él, se iba a convertir en un hazme reír ya que para los efectos, quien le quitó su flamante alcaldía fue una mujer…

La victoria de Carmen colocó a cada ciudadano en un punto de consenso, unió a sectores que jamás se hubiesen acercado a ese partido, mucho menos cuando el marco ideológico de su partido se basaba en una estructura obsoleta y colonial. Era el principio de un apoyo, un principio para promover alianzas sobre todo en un país que dada su trayectoria histórica , se encaminaba al borde de la desesperación.

Protesta en contra del gobierno de Luis Fortuño
La caída del ex gobernador Luis Fortuño, comenzó con una derrota a principios de agosto de 2012. El 8 de agosto de ese mismo año, el Lcdo. Ángel Cintrón expresaba su consternación y culpaba al propio Partido Nuevo Progresista por la derrota en el referéndum sobre la Enmienda Constitucional para limitar el derecho a la fianza y la reducción de escaños en la Legislatura.

Previo a eso, su aprobación a la Ley de Sustentabilidad Fiscal (Ley 7), llevó al despido de miles de empleados del servicio público y promovió el retiro temprano de miles en dicho sector. Se dice que más de 30 mil seres humanos fueron objeto de esta medida cuyo propósito agravó los índices sociales y mató eventualmente las aspiraciones de cierto crecimiento económico para la Isla. 

El 1 de diciembre de 2010, el Secretario de la Gobernación de la administración del ex gobernador Luis Fortuño, Marcos Rodríguez Ema se expresó en WKAQ sobre la huelga de la Universidad de Puerto Rico, indicando que los estudiantes estaban allí para "llevar ese mensaje de izquierda..", y que sinceramente "los sacaría a patadas y a los profesores que se presten para eso, bótalos..." 

Mientras Rodríguez Ema hablaba en ese tono, la alcaldesa electa, cuando todavía ni tan siquiera aspiraba a dicha contienda de San Juan, les llevaba comida a los estudiantes, se quedaba con ellos y en la toma de posesión le solicitaría al gobernador electo, Alejandro García Padilla, la eliminación de la cuota y el restablecimiento de la verdadera autonomía universitaria. 

Para el Partido Nuevo Progresista había sido un baño de agua fría y helada la derrota. Cuatro años antes habían ganado abrumadamente las elecciones generales. Pero dado los hechos de la época que les relato, solo había que mirarles los rostros desencajados y rabiosos. 

Se refugiaban bajo el pretexto que el pueblo no había entendido su mensaje. El pueblo sí entendió el mensaje. Tanto así que no salían de su asombro al ver a su guerrero mayor batallando una crisis emocional que lo había dejado sin fuerzas para ni tan siquiera pronunciar el nombre de la nueva alcaldesa.

Pero un problema para mí sobresaltaba que en aquella época era invisible. Pienso que a veces las pantallas están tan bien hechas que ocultan la realidad. Dicho de otro modo, en aquel preciso instante, no conocía a ciencia cierta las verdaderas intenciones de una candidata cuyo engranaje de actuación era tan certero como sofisticado. 

Con su victoria en San Juan, Carmen Yulín Cruz había llenado de esperanzas a un partido que estaba mudo y sin esperanzas en el 2012. Alejandro García Padilla había ganado la gobernación por el Partido Popular Democrático y contrario a Rafael Cox Alomar quien perdió la Comisaría Residente frente a Pedro Pierluissi. 

García Padilla nunca llenó las expectativas de País. Su persona nunca pudo calar como un líder fuerte dentro de la base popular. Máxime cuando desde el inicio de su gestión administrativa tanto la legislatura de mayoría como la alcaldesa de San Juan se habían enfrascado en un tipo de guerra no declarada que culminó eventualmente en matar las aspiraciones de reelección de una persona que había perdido toda la estima y el vigor político para continuar al frente de un partido que se jugaba la vida en la próxima contienda electoral.

En lo que respecta particularmente a la alcaldesa, esta le serrucharía su dignidad política para apartarlo e eventualmente sacarlo definitivamente de la carrera política. Lo cual logró.

Y yo me atrevería pensar, hoy, que desde ese instante histórico, basado en un partido cuyo liderato era deficiente, un ideario cuestionable, unos candidatos maltrechos; la alcaldesa de la ciudad capital comenzaría a proyectar lo que hoy se perfila como una candidatura inminente a la gobernación.

Con la derrota de Bernier en su aspiración a la gobernación por el partido popular, en medio de un triunfo rancio del Partido Nuevo Progresista en las elecciones de 2016 y la evidente incomodidad de un sector que se tradujo en un colectivo independiente y en contra de los partidos tradicionales, Carmen Yuan tendría en sus manos un modo de trazar una estrategia de cara a su imagen y su futuro político.

En septiembre de 2017, Puerto Rico vivió los huracanes Irma y María. Una destrucción sin precedentes en medio de un desasosiego que solo era comparable con circunstancias similares a principios de siglo. La alcaldesa de San Juan, ante un partido mudo y ausente tomaría las riendas orales y se pronunciaría en contra de una presidencia norteamericana que se alejaba cada día en tomar acción para Puerto Rico.

Ciertamente sería injusto de mi parte incidir en una crítica en medio de unas circunstancias tan particulares como lo fue el huracán María sobre la isla. Pero me parece evidente, más como publicista, que la cosa pública y política no se da en el vacío. Los espacios de poder se trabajan.

Se ejercen estrategias. Se crean maquinarias y planes a medio, corto y largo plazo. Se traen expertos en los medios, se proyectan una y otra vez imágenes dramáticas en medio de situaciones críticas. Se calculan las palabras ( y no digo que no sean genuinas) pero muchas de ellas van cargadas dentro de un esquema planificado y estructurado para sentar las bases de una potencial candidatura.

Independientemente lo que haga o diga Héctor Ferrer ya no importa. Ella ha acaparado no tan solo el ruedo político local sino internacional y sobre todo allá fuera se ha convertido en una estrella y la primera mujer puertorriqueña en pertenecer a un grupo tan exclusivo dentro de la revista Times.

Ha llenado espacios que ningún otro candidato ni ta siquiera se podría imaginar. Ante millones de personas en Estados Unidos que siguen la tendencia nacional de las noticias y programas de análisis y farándula de corte serio, ella ha podido insertarse con una voz independiente y fuerte, asunto que decididamente es meritorio y que la coloca dentro de un equipo de campaña como uno de los más exitosos en décadas.

El asunto es que lo que ocurre allá no necesariamente tiene un impacto verdadero acá. No necesariamente se traduce en votos. En ese sentido, ante la esfera política actual, ese mismo empuje fuera de nuestro territorio ha creado una especie de antagonía como la que ocurre con candidatos cuya estima no tiene términos medios.

O se quieren o se odian. No hay espacios colaterales. No hay medidas para alianzas puesto que en ese sentido ella es una persona que acapara y opaca cualquier intento político de establecer puentes independientes con otros sectores que la puedan cargar a la gobernación.

Resulta entonces paradójico pensar que esa oferta política no halla calado profundamente en la base, de su partido. Ha tenido sí, consecuencias en las redes sociales sobre todo cuando en numerosas ocasiones se expresa a través de los famoso memes que antes de postularse, que recoja los escombros en la ciudad capital.

Eso en gran medida aunque suene desacertado realmente es una verdadera ironía que a la larga podría incidir en sus aspiraciones.
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5/06/2018

La Depresión no es el fin del mundo

La música es el alimento perfecto para combatir la depresión si se utiliza adecuadamente

Podemos luchar contra ella...

En mi época se conocía muy poco sobre ese término tan temible como la depresión. Un tema sobre el cual nadie se expresaba. Mucho menos en la comunidad, donde los aspectos psicológicos pasaban desapercibidos y por supuesto en un segundo plano.

La depresión no es visible como las enfermedades comunes que se manifiestan evidentemente en nuestro metabolismo. La depresión es como un ente invisible que calcula las debilidades del alma, las suma, las resta sin uno saberlo...

De pronto uno se mira al espejo y es precisamente en ese momento donde todo lo que nos rodea se desmorona en cámara lenta. Como cuando hacemos una torre con fichas de dominó y sacamos una de las de abajo y todo las demás caen dejando una huella con tal vez una que se quedó en su sitio.

En el artista es paradójico. Porque en algunos casos, la depresión es como un aliento de trabajo. Una inspiración. Aunque en muchos casos negativa, el solo hecho de expresarla a través del arte resulta ser un antídoto, un modo de enfrentar ese paradigma.

Es una sensación de soledad aunque estés con un sin número de gente. Na hay puentes ni escaleras que nos una. Porque la comunicación no es la misma. El lenguaje muere en el camino. El temor al fracaso crea ansiedad, en el artista es realmente trágico. La angustia de ser malentendido o malinterpretado. Saber que aquellos que son tus pares, ya sea en la familia o en el trabajo, en esencia, son personas comunes que desconocen el espíritu artístico.

El rechazo y la burla, el acoso sin piedad y el aislamiento mental nos pueden llevar muy bien a la locura. A una vida sin medida que puede terminar en el castigo físico, mental y emocional. Y uno puede caer en lo más bajo. Drogas, alcohol... Créanme, nada de eso funciona.

No funciona porque a la larga lacera nuestra autoestima. Después del arrebato sobreviene el vacío. El alcohol, sí, fantástico; he visto como se han esfumado la vida de gente que aprecio como consecuencia de la bebida.

Y entonces ¿qué hacemos?

En mi caso particular he logrado encontrar un camino. Una ruta. La ansiedad siempre va estar latente. Pero cuando la racionalizamos podemos encontrar herramientas de personalidad que funcionan. Que operan como mecanismos de defensa. Para mí, son los soldados del espíritu que nacen de la inseguridad y la angustia y florecen como una armada que se apropia dentro de la conciencia y nos muestra otras alternativas.

Aprendo cada día a saber racionalmente quién está frente a mí. Saber intuir y colocar las palabras en espacios críticos de la conversación. Siempre vamos a tener la arrogancia de gente que cree que es super inteligente, o los que piensan que son más que cualquiera. Los que el ego no les cabe en su piel. Saber quiénes son y mirarlos, identificarlos y dejar que el batallón del alma haga su parte.

No es jugar con los demás. La estrategia en todo caso es dejar un rastro baldío de palabras huecas sobre matorrales que hemos pisado ya. Ellos caminarán exactamente en esa dirección y pisarán ese lodo. Cuando lo hagan, ya uno sabe en qué dirección vienen y porqué llegan a donde uno.

Ninguno de ellos me engaña. En esencia, sus palabras nunca han sido sinceras. Se esconden en medio de logros que expresan en el camino, lo peor del ser humano. Uno les sigue el juego y hay veces que se tocan puntos críticos que no estamos de acuerdo. Pero en la medida que el tiempo pasa, los hemos visto caer desde lo más alto. De eso no se acuerdan.

Huir no es alternativa. Es hacer lo mejor mientras estamos en pie. Es buscar soluciones y dejar que las cosas vayan cayendo apropiadamente en su sitio. Así, esa lucha constante de la supervivencia laboral es más placentera. Es mucho más pasable.

La música, la meditación, la introspección me ayuda a conocer mis debilidades, a reconocer cuando me salgo y entender las voces de mi conciencia cuando algo que estoy haciendo no funciona. Hay quienes te lo dicen, pero lo hacen cínicamente, se ríen o se burlan en nuestras narices. Hay otros que no se atreven a decírtelo. A todos ellos les río las gracias y les contesto cuando quiero. Cuando me da la gana. Cuando no quiero, sencillamente me aparto. Realmente no se trata de amistad. No es personal. Eso pensé yo equivocadamente hace algún tiempo. Para ellos solo se trata de sobresalir. De competir. De estar de buenas a la diestra de aquellos que ostentan el control.

¿Vale la pena que sepan lo que pienso de todos ellos? No. Eso me lo guardo. Pero de la misma forma navego en medio de esas pirañas que en su mayoría no significan nada para mí, no tienen absolutamente ninguna injerencia en mi vida y si creen que son dioses, en lo que a mí respecta, que otros les rindan pleitesía. Yo no. Pero debemos estar conscientes de quién es cada uno.

Hay otros que se escudan dentro de su simpatía y nobleza religiosa hipócrita. La religión se acaba cuando se trata de dinero. A ellos los trato como si fueran parte del grupo. Pero en realidad saben en su interior lo que pienso de todos ellos. Ese aspecto, si te dejas puede volcarse en tu contra y lanzarte en una depresión severa. La solución es advertir sus pasos, proteger la cara y esquivar sus golpes.

Uno a veces se equivoca porque primero somos seres humanos y cometemos errores. Hay problemas de personalidad más severos. Asuntos químicos y profundos que requieren hasta hospitalización. ¿Que he requerido ayuda algunas veces? Claro que sí. Una mano que te ayude a identificar tus armas para protegerte de esos tiburones es indispensable.

En mi caso, he tenido la ventaja de tener una esposa que es mi mejor amiga por varias décadas ya. En ella confío. tener unas hijas que me adoran, me respetan, me admiran y hasta me aconsejan. Unos hijos nobles e independientes que luchan cada día. Ese es mi tesoro. Y la oración. Muchas veces a pesar que caigo en lo más bajo trato de buscar en mi interior ese ser supremo que está sobre todas las cosas. Ante él bajo mi cabeza y le pido cada mañana como me decía siempre un pana del caserío: "entendimiento".

No es fácil salir. Pero si estamos en ese túnel, tenemos que buscar la claridad. Hay formas de encontrarla. Hay maneras con las que podemos inundar nuestro espíritu de fe y esperanza. Siempre de frente. En la soledad, atesorar lo que queremos y entrar en razón. Enfocarnos y seguir adelante. En medio de esas aves de rapiña, tener nuestro armamento listo y defendernos con mesura y respeto.

Hay una frase de Eddie Dee de la canción "Sácame el guante de la cara" que la vivo al pie de la letra:

"Si de algo soy culpable, es vivir sin importar lo que la gente hable"













5/04/2018

Fotos: galería primero de mayo


Universidad de Puerto Rico - cultura antes que violencia

OPINIÓN. El 1 de mayo de 2018, la Universidad de Puerto Rico se unió al reclamo masivo de un paro nacional en contra de una reforma laboral que se impone a través de la Junta de Supervisión Fiscal. Lo que a todas luces comenzó como una marcha pacífica terminó como el año pasado, cuando una minoría de jóvenes y jóvenes adultos utilizaron la violencia como estrategia para responder a modo de protesta con sus reclamos.

Obviamente Puerto Rico vive uno de sus momentos más dramáticos en su historia y pienso que en esto se nos va la vida como pueblo. Pero la respuesta no puede ser la violencia. Utilizar discursos trillados y enmohecidos sobre aspectos políticos que hemos rechazado desde hace décadas. Utilizar estudiantes como carne de cañón para amedrentar y agredir oficiales de la policía es algo inaudito e insensato. Como llevar martillos a una marcha que se pidió en reiteradas ocasiones que fuese pacífica.

A través de la historia, muchos de los movimientos que han logrado cambios significativos en las estructuras políticas han sido pacíficos. Han sido constantes y un con liderato que se organiza y se expresa utilizando estrategias de lucha pensadas y que a la larga han puesto en jaque la permanencia de una ideología o una forma de gobierno.

Por lo cual, me negué a fotografiar los enfrentamientos con los policías puesto que en la medida que ello se plantee públicamente, o en los medios o redes, estamos realizando exactamente lo que estos grupos, que no son estudiantes, realmente quieren.

La voz de un pueblo se mantiene a través de su cultura, de ese reclamos vivo como lo realizaron estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en el tarea de drama, que utilizando como estandarte la poesía de Julia de Burgos expresaban un sentir masivo pero en paz.

Desgraciadamente pude observar jóvenes lanzándole piedras y peñones a policías. A través de la televisión se vieron imágenes desgarradoras de los mismos jóvenes alterando la paz y rompiendo cristales o destruyendo la propiedad privada. Que un individuo haya intentado como lo hizo, agredir a un oficial con un martillo es una cosa que debemos rechazar con todo nuestro ser y nuestro espíritu.

Gracias a Dios ese mismo oficial se dio de alta del hospital recientemente.

Todos queremos un cambio. La inmensa mayoría del País esta a favor de la disolución de esa Junta. Pero de la única forma que se va a lograr es mediante un movimiento de lucha pacífico, que agrupe a tos los sectores y que ejerza presión a través del diálogo y la expresión de un pueblo que atesora la Ley y el Orden.

Comparto co ustedes las imágenes foto gráficas durante la manifestación desde mi punto de vista.

Los colegas nos movíamos en medida nos preparábamos para caminar

Comenzaba la representación urbana
Su estilo fue impresionante!
Utilizando la poesía de Julia de Burgos, traian al estrado a la Secretaria actual del Departamento de Educación
Poco a poco estábamos listos para caminar

Religiosos de todas las denominaciones, presentes...




Mensajes cortos utilizando los estribillos acostumbrados, jóvenes y personas mayores
nos preparábamos par iniciar nuestra jornada 


Y así comenzamos a marchar...




Música, baile y orden mientras que a los laterales los oficiales de  la Policía
Ya había comenzado la provocación. La Policía comenzaba a despejar el área. 




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