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2/18/2012

Jueces en la madrugada




Resumen: El juez es el actor principal encargado de resolver los conflictos sociales (Quintana, 2017). No obstante, existen grupos que, sin ser jueces oficiales, asumen un rol decisivo para buscar justicia en su entorno. Este escrito analiza el pensamiento de estos grupos frente a su deseo de ser justos. El análisis demuestra que su juicio no es neutral, sino que está influenciado por sus propios prejuicios y por los prejuicios de las personas con quienes se identifican.

Introducción:

A pesar de no vestir togas y mucho menos poseer el "temperamento judicial" del que tanto hablan los analistas en la radio, la gente común escucha, analiza y comprende perfectamente su entorno. La gente humilde y trabajadora en Puerto Rico no merece el menosprecio político ni la injusticia social que padece a diario.


La tertulia de la estación

Ha transcurrido más de una década desde aquellos días en que, lejos del bullicio social y la perpetuidad política que carcome nuestro entorno, me sentaba junto a varios trabajadores a comentar el acontecer noticioso. Como pasa en la vida, esos momentos se graban y se convierten en recuerdos imborrables.


Era un junte al amparo de la madrugada, arropados por la frescura de un amanecer que, poco a poco, nos calentaba. Éramos apenas cuatro o cinco individuos. Cada uno pertenecía a un sector social radicalmente distinto, pero estábamos juntos a pesar de los idearios de cada cual.


Sentados en el borde de la acera de una estación de gasolina, nuestras carcajadas llegaban hasta el interior del establecimiento. Con el pocillo de café en mano, nadie se salvaba; ni el más lindo, tan siquiera. Analizábamos los periódicos saturados de noticias, especialmente cuando se tocaba el ámbito político.


Hubiera sido interesante tener el insumo de este grupo callejero, del cual yo formaba parte, ante el presente que vivimos hoy en Puerto Rico: un escenario cuyos hechos han agrietado la estructura de un gobierno que apenas sobrevive. Ellos no eran ejecutivos, académicos ni intelectuales; mucho menos catedráticos y, Dios los salve, de pensar por un segundo como analistas políticos.


Era gente que madrugaba día a día para trabajar en la jardinería, recogiendo basura o pintando residencias. En mi caso, me llamaban “el político”. Eran hombres sencillos, muy lejos de esa visión hipócrita en la que se mueve un sector de la sociedad puertorriqueña.


Sentencia final y firme en la acera

Dentro de esa tertulia de madrugada, nuestra sentencia era final y firme. Dictaminábamos nuestro juicio sobre el acontecer diario como si estuviésemos en un estrado. De manera que, sentados en la acera aunque fuesen escasos segundos, nos convertíamos en jueces. Sentenciábamos al más lindo y al más feo; repudiábamos la injusticia y la corrupción. En una isla donde los políticos se han robado el país, no nos quedaba de otra que disfrutar el pocillo de café mientras nos desahogábamos.


A veces llegaban los partidarios, los que hablaban de las intimidades de los candidatos y, créanme, nos dejaban sin habla por varios segundos.


El tintero de la acera y la rabia del presente

Sin embargo, el tiempo pasa. Algunos han dejado de trabajar y otros se han mudado, rompiendo la costumbre de sentarnos a conversar. Puerto Rico ha cambiado y yo tampoco soy el mismo. Quedan muchos temas en el tintero de la acera, pero el trabajo diario y las responsabilidades me han alejado de la estación.


Aun así, pienso en todo aquello que hemos atravesado como por ejemplo, el asunto de los escándalos de este gobierno que han inundado mi espíritu de rabia y coraje. Es una sensación difícil de describir. La impunidad salta a la vista; la manera en que los cabilderos políticos se despachan con el sufrimiento humano nos deja en un silencio atónito, sabiendo que podrán engañar al mundo entero menos a este pueblo.


Un pueblo que ya no calla

Pero no aprenden. Los políticos apenas comprenden los resultados de sus actos. No respetan a nuestra gente. La subestiman y piensan que el colectivo todo lo aguanta mientras se mantenga dentro de ese bipartidismo enfermo. Se equivocan. Cada acción tiene consecuencias, máxime ahora cuando las redes se han transformado en una herramienta poderosa y capaz de cambiar el rumbo político de cualquier lugar. 


Mientras tanto, aunque sea desde lejos, el pasado siempre me extiende su brazo y me saluda. Yo le extiendo el mío; a pesar del tiempo y el espacio, el vínculo de la madrugada seguirá en pie a menos que ya yo no esté presente.

Referencia

QUINTANA, E. V. (2017, September 11). ¿Quién debe ser juez o jueza en Puerto Rico?Retrieved from elpostantillano.net.

 

 

2 comentarios:

  1. Al menos tu tienes la oportunidad de disfrutar esos ratitos... No todo el mundo se puede dar ese lujo. Aprovechalo Sr. Juez

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  2. Gracias por por seguir este intento...! Esos ratitos valen por siempre...

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