Imagen de Mujer, Micrófono y Protesta. De uso gratuito. / Pixabay
Ernesto Sábato, en el prólogo del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), de septiembre de 1984, conocido como “Nunca Más”, al expresarse acerca de la dictadura militar instaurada desde 1976 en Argentina, dijo que esta contó “con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”
Dentro de una sorpresiva ironía hemos sido testigos de dos asesinatos perpetrados por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas in inglés). No de inmigrantes sino de dos ciudadanos norteamericanos a plena luz del día. Ante la impunidad oficial que se desprende de la narrativa oficial es evidente que estamos en presencia de la evolución de un régimen que vive al amparo de tácticas represivas que han intentado destruir la libertad ciudadana y en este caso: la vida humana.
Un estado de derecho que a pesar de las excusas para seducir a sus fanáticos, albergar estrategias de conspiración como escudo no han podido esconder la verdad y mucho menos desvincularse de los hechos que han capturado toda la atención global. En ese sentido, poco a poco se ha instituido otra fuente, otra visibilidad socio política que sin duda le ha dejado claro al mundo que hechos como estos los “han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado”
Un estigma que se acelera gradualmente ante todo el marco neo político de una nación que ha puesto en entredicho los valores y los derechos humanos de cada cual. Los aranceles, la incursión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas in inglés) y todo el precedente histórico que lo precede es mucho más que un cintilo de evidencia ante una destrucción social que vemos a diario en los medios nacionales.
No podemos olvidar las posturas del presidente norteamericano sobre ciertas naciones hermanas como por ejemplo Canadá, Europa y obviamente su inserción en Venezuela lo que ha sido evidente. Por su parte la reacción republicana en su mayoría ha sido defender sus ataques verbales en las redes sociales, excusándolo de cualquier vínculo de índole racial.
Cientos de años atrás familias y comunidades negras en Estados Unidos sufrieron los ataques más violentos por parte del gobierno, oficiales y comunidades racistas asesinando y torturando a mansalva a personas por el solo hecho de ser negros.
Del mismo modo, esta administración con la excusa del “Woke” atacan constantemente a homosexuales, personas transexuales o de cualquier otra raza o nacionalidad que implique una amenaza a sus estilos de vida dentro de lo que ellos definen como la periferia o normativa social estadounidense.
Sin dejar escapar el acoso continuo a la inmigración, la destrucción de programas sociales para jóvenes y adultos (DACA) y el asecho a países con la demagogia y amenaza en tarifas, penalidades y ausencia de tratados que anteriormente formaban parte de una filosofía de paz global a través de occidente.
El documental de VICE sobre Charlottesville nos enseñó que la lucha por los derechos civiles apenas comienza y que dichas afirmaciones en contra del color de la piel están tan latentes en esta administración como en una época que equivocadamente pensamos que jamás se repetiría. Es como si volviéramos a visitar la era de la segregación.
Vemos continuamente los visuales de mujeres blancas acosando a personas de otra raza o nacionalidad con amenazas y hasta a punta de pistola por el hecho de ser diferentes. Seducidas por un discurso racial que toca la fibra de una filosofía fascista con la única pretensión de hacerle entender al mundo que Norteamérica es para los norteamericanos de la misma forma que Hitler quería Alemania para los alemanes.
Vemos a diario vídeos que nos exponen ante una conmoción social, encuentros civiles frente a un estilo de administración que sin duda ha inundado las calles de mercenarios paramilitares con la excusa de restablecer el orden.
Atacan a manifestantes con gases lacrimógenos, veteranos, quienes han recibido a maltrato a golpes y gases en la cara sin dejar a un lado los actos violentos en contra de mujeres, periodistas y otros profesionales que injustamente han perdido la vida.
Con esa misma excusa de evitar el traspaso o ataque a instalaciones federales lo cierto es que el entuerto norteamericano ha descartado el avance humanitario y por el contrario le ha dado la espalda a la desigualdad social, la pobreza y cuando se trata sobre el acoso de oficiales armados a comunidades negras e hispanas miran hacia el otro lado o defienden a sus oficiales.
Ante ello, el pueblo estadounidense debe estar unido para hacerle frente y rechazar esas posturas de fuerza y de una administración que pretende obligar a los sectores que lo rechazan, sean esclavos cautivos de sus expresiones y por ende de sus consecuencias.
Referencia
Sábato, E. (1984). Nunca Más. Argentina: CONADEP.
