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3/03/2012

La Salvación es Individual


La Iglesia de los Sagrados Corazones, 2026. 


Memoria personal y formación religiosa

Recuerdo, de mi niñez, el sonido de las campanas de la iglesia: un llamado modesto y solemne que irrumpía en la madrugada de todos los domingos. Era la señal del comienzo de la primera liturgia.

Era un tiempo en el que caminaba junto a mi abuela hacia la parroquia. Hoy tan solo quedan la iglesia y una pequeña capilla, ya que el Colegio de los Sagrados Corazones cerró operaciones en 2019. Según reportó Metro, la administración del colegio notificó el cierre de la institución escolar en Guaynabo en marzo de ese mismo año. 



Poco después la convirtieron en un centro de cuidado privado con el nombre de “Sagrados Corazones 
Independent Assisted Living”.

Aunque ya no practico esa disciplina religiosa, guardo en mi interior una memoria nostálgica e infantil de un pasado que no regresará.

Fue un periodo en el que nos enfrentamos a una educación crítica y conservadora, inmersa en una religiosidad intensa. En aquellos días no había por qué preocuparse: la salvación estaba a la vuelta de la esquina.

Fueron momentos en los que, a pesar de ser jóvenes, intuíamos la intencionalidad de otros grupos cuyos preceptos eran distintos a los nuestros. Al final, estábamos convencidos de que para ellos la salvación tenía un costo. Era evidente que estos grupos, lejos de ser religiosos, eran perpetradores egoístas que, con una excelente oratoria, momificaban a cualquiera para desnudarlo de sus bienes.

Religión, crítica moral y sociedad

Nuestra vida material era sencilla, sin lujos. Pertenecíamos a una cultura social radicalmente opuesta a lo que vemos hoy: una sociedad puertorriqueña maltrecha y ceñida a un consumo rampante que, aunque en su mayoría se proclama religiosa, es sin duda profundamente hipócrita.

Recuerdo también mi proceso de juventud en el Colegio de Hostos. En él cursé los primeros grados, la etapa elemental. Allí aprendí a escudriñar los libros mientras dibujaba en las últimas páginas de las libretas Superior.

Aprendí en esa época que los hechos históricos jamás se borran, ni siquiera los de la Iglesia: cruzadas, inquisición, teologías de la revolución y, en tiempos recientes, sacerdotes expulsados de la propia institución.

En ese sentido, cuando hablamos de líderes religiosos debemos estar conscientes de que muchos de ellos no son patriarcas de la moralidad. Tal vez sea la codicia lo que nos deja claro que, a pesar de que dicen poseer el poder de la “Palabra”, la palabra que poseen no es la de Dios.

Cuando los miramos frente a sus altares, resplandecen en apariencia como actores de Hollywood, con esa vestimenta impecable y planchada, bajo la mirada de quienes buscan desesperadamente una escapatoria, quizá por aquello que alguna vez fueron.

Tal vez piensan, y están absolutamente seguros, que Dios olvida; que su pasado no fue más que un resbalón, un accidente en medio de su ascenso a la divinidad. Esa es, para ellos, la salvación.

Pero, cuando el día se cierra, terminan frente al espejo, y quisiera pensar que se quedan atrapados ante su propia miseria humana. Por eso su refugio perfecto es la religión: la coartada ideal para escabullirse y representar otra cosa.

Y eso sin tocar todavía los imperios religiosos de hoy. No son solo sus estructuras, sino también una estampida estratégica en los medios, sostenida por una evolución tecnológica y digital que les permite pedir dinero en tiempo real.

En esencia, se constituyen como un rebaño sedicioso que vive a costa de un ministerio fanático, tan absurdo como afirmar que, cuando todo termine, aquellos escogidos podrán escalar paredes de oro ante el supuesto rapto final.

En el transcurso de mi vida he visto, en algunos casos, la búsqueda de Dios como una brújula que dirige nuestros pasos. También he concluido que sería ridículo concebir la salvación como una escalera precipitada al paraíso para un número específico de escogidos. Creo que nadie puede llamarse dueño de la verdad, esa que, en algún momento, vendrá a buscarnos tarde o temprano.

Los falsos profetas están por todas partes y se propagan como un virus sin control aparente. Gritan desde las aceras y nos alejan cada vez más de la verdadera esencia de la bondad, del amor y de esos valores que son principios esenciales de nuestra humanidad.

Para mí, lo único verdadero que llena mi espíritu jamás podría estar plagado de sueños de salvación. Porque la verdad, o el significado inequívoco de la verdad, está escrita sobre un velo de misterio atravesado por miles de interrogantes.

2/22/2012

Historias que no olvido: Análisis sociopolítico desde el Centro Médico



Este artículo fue publicado originalmente en 2012 y ha sido completamente actualizado 
en mayo de 2026 con nuevos datos/perspectivas.

Con este artículo intento equiparar mi experiencia como fuente para potenciar y aportar desde el marco de la resistencia social y la invisibilidad comunitaria donde las vidas parecen ser inconexas e inexistentes a través de un breve relato. En ese sentido, este escrito se inscribe en el lenguaje y la verdad, como afirma Zambrano, “desde que el pensamiento consumó su toma de poder, la poesía se quedó a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada, diciendo a voz en grito todas las verdades inconvenientes, terriblemente indiscreta y en rebeldía” (Zambrano, 1996, p. 14). 

La Sala de Trauma de Centro Médico: Epicentro de la cotidianidad invisible

Esto ocurrió en el Área de Trauma del Centro Médico de Río Piedras, mientras acompañaba a mi madre quien se había caído y no se podía mover. Un vehículo se estaciona y de su interior sale un individuo cuya apariencia era similar al atuendo de un gatillero . Del otro lado, gimiendo fuertemente, sale un personaje sin percatarse que su sangre pintó su camisa hasta la mitad de su rodilla. Mientras fumaba, yo lo observaba en las afueras cuando un guardia que fumaba también se me acercó y me dijo “esa es la adrenalina pai, y eso que tú no has visto na’, aquí acaba de pasar uno con par de tiros caminando con su hermano”. 

Mientras eso ocurría, se me acercó una chica embarazada acompañando a su marido quien había llegado con un dedo colgando de un pellejo. La chica me contó que antes de llegar con su marido, los médicos le indicaron que el hijo que esperaba tenía espina bífida. Ella tenía tres hijos con el marido actual, quien era divorciado con tres hijos. Él le había sido infiel y había preñado a otra mujer y la criatura producto de ese embarazo vivía con ellos. 

De pronto se nos acercó un hombre tatuado y nos relató que la noche anterior, cuando llegaba a su casa, su mujer  le trancó el portón porque estaba medio borracho. Frente a su casa, su hijo estaba llegando y le texteó que había una nébula. Un auto que rondaba se detuvo. Dos hombres se bajaron. Padre e hijo, se les había bajado la nota , y estaban planta‘os frente al portón cuando estos dos se acercaron para asaltarlos. 

El primero atacó al hijo con un punzón y se lo espetó en la espalda. El hijo, le arrancó el arma al asaltante y lo hirió provocándole que se retorciera. El papá, tenía al otro agarrado con un solo brazo. El hijo, consiguió una “llave de perro” y le dijo al asaltante “que le iba a explotar el cráneo”, pero el hombre logró zafarse, agarró al otro y los dos arrancaron chillando goma. 

Me hubiese quedado más tiempo, pero salió el médico indicándome que los análisis de mi mamá iban a comenzar. Me despedí de todos con un abrazo. Con el tiempo, mi mamá empeoró, y antes del paso del huracán María, falleció. Mi tía, quien estuvo conmigo todo ese tiempo y era la persona que la cuidaba, murió un año después.

Análisis sociopolítico de la periferia: Identidad, cultura y lenguaje

Poder penetrar la profundidad social nos obliga a comprender áreas donde otro tipo de lenguaje determina la cotidianidad como un síntoma sociopolítico. Cuando pienso en la mujer embarazada, entro de lleno a un tipo de análisis donde “las nociones de identidad y cultura que comienzan a desplazar a otras, como las de redistribución igualitaria, estructura social o la de clase” (Santander, 2011, p. 208). Asimismo, dichas circunstancias me sitúan ante una conceptualización que me confronta con la existencia conflictiva de la vida y bajo esos términos, mi formación graduada tiene que servir de escudo, pero al mismo tiempo de bondad y comprensión ante un cuadro humano que nos pertenece y no podemos abandonar.

Referencias:
Santander, P. (2011). ¿Por qué y cómo hacer análisis del discurso? Cinta moebio, 207-224.
Zambrano, M. (1996). Pensamiento y Poesía. México: Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

  1El hombre dejó entrever en su relato a la mujer como un objeto propietario.
  2Nébula: vehículo que ronda un área peligrosa sin identificar.
  3Nota: en este caso, bajo efectos del alcohol.


2/20/2012

El Río Piedras que perdimos


Recuerdo mis años de adolescencia como estudiante de séptimo grado en el Colegio San José de Río Piedras, un colegio católico de varones cuyos salones alfombrados y acondicionados contrastaban con el bullicio intenso del pueblo que nos esperaba afuera.

Al finalizar el periodo de clases, el timbre sonaba a las 2:50 de la tarde y, junto a mis compañeros, descendíamos la cuesta del colegio para caminar hacia lo que entonces se conocía como el Corral de las Guaguas de la AMA (Autoridad Metropolitana de Autobuses).

Nos dirigíamos hacia Capetillo, nombre con el que muchos identificaban aquella zona donde convergían las guaguas públicas. Eran tiempos en que el pasaje costaba apenas diez centavos. Sin embargo, más allá del trayecto, lo verdaderamente inolvidable era el olor del pueblo.

Las aceras estrechas, las tiendas grandes y pequeñas, los puestos improvisados repletos de misceláneas, muñecas, regalos y ropa colgando de ganchos formaban parte del paisaje cotidiano. Tiendas como La Reina, La Sortija y Pitusa prosperaban mientras el Paseo de Diego florecía con establecimientos únicos que daban identidad propia al corazón de Río Piedras.

Caminábamos seguros con nuestros uniformes escolares mientras el ruido ensordecedor de las bocinas anunciaba ofertas desde distintos comercios. El movimiento de la gente, los olores y el calor del pavimento componían una experiencia urbana imposible de olvidar.

También estaban las librerías, especialmente La Tertulia, un espacio intelectual casi sagrado donde florecían conversaciones filosóficas y políticas frente a interminables estantes de libros. En aquella época, esos lugares representaban el sueño de cualquiera que deseara pensar libremente.

Me fascinaba observar y tocar cada uno de aquellos textos. Tener en las manos Un diálogo sobre el poder de Michel Foucault, publicado por Siglo XXI, era una delicia intelectual. Pasar las páginas de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, El túnel de Ernesto Sábato o El extranjero de Albert Camus —muchos publicados por Seix Barral— se convertía en toda una aventura personal.

Y, por supuesto, estaba la Plaza del Mercado, cuyos negocios despertaban nuestro apetito con frituras y comida criolla que difícilmente podía encontrarse en otro lugar. El arroz con gandules, el pernil, las chuletas y las habichuelas guisadas poseían un sazón profundamente puertorriqueño que todavía permanece en la memoria.

Con el tiempo, el desarrollo de grandes centros comerciales, climatizados y cuidadosamente organizados, fue desplazando poco a poco aquel entorno cultural y humano que hoy resulta tan difícil de rescatar. Los hábitos de consumo cambiaron y la comodidad comenzó a dominar las decisiones de compra.

Como adulto, todavía siento una profunda nostalgia por aquellas tiendas que desaparecieron ante el crecimiento de los enormes centros comerciales y sus interminables especiales. Aun así, permanece en mi memoria el calor sofocante del pavimento, las filas repletas de gente y la energía irrepetible de un pueblo vivo.

Tampoco puedo olvidar Santa Rita y sus interminables partidas de ajedrez, acompañadas de discusiones filosóficas y debates políticos que, casi sin proponérselo, rozaban la utopía poética de nuestra patria.

Por eso jamás podré olvidar a Río Piedras.

2/18/2012

Jueces en la madrugada




Resumen: El juez es el actor principal encargado de resolver los conflictos sociales (Quintana, 2017). No obstante, existen grupos que, sin ser jueces oficiales, asumen un rol decisivo para buscar justicia en su entorno. Este escrito analiza el pensamiento de estos grupos frente a su deseo de ser justos. El análisis demuestra que su juicio no es neutral, sino que está influenciado por sus propios prejuicios y por los prejuicios de las personas con quienes se identifican.

Introducción:

A pesar de no vestir togas y mucho menos poseer el "temperamento judicial" del que tanto hablan los analistas en la radio, la gente común escucha, analiza y comprende perfectamente su entorno. La gente humilde y trabajadora en Puerto Rico no merece el menosprecio político ni la injusticia social que padece a diario.


La tertulia de la estación

Ha transcurrido más de una década desde aquellos días en que, lejos del bullicio social y la perpetuidad política que carcome nuestro entorno, me sentaba junto a varios trabajadores a comentar el acontecer noticioso. Como pasa en la vida, esos momentos se graban y se convierten en recuerdos imborrables.


Era un junte al amparo de la madrugada, arropados por la frescura de un amanecer que, poco a poco, nos calentaba. Éramos apenas cuatro o cinco individuos. Cada uno pertenecía a un sector social radicalmente distinto, pero estábamos juntos a pesar de los idearios de cada cual.


Sentados en el borde de la acera de una estación de gasolina, nuestras carcajadas llegaban hasta el interior del establecimiento. Con el pocillo de café en mano, nadie se salvaba; ni el más lindo, tan siquiera. Analizábamos los periódicos saturados de noticias, especialmente cuando se tocaba el ámbito político.


Hubiera sido interesante tener el insumo de este grupo callejero, del cual yo formaba parte, ante el presente que vivimos hoy en Puerto Rico: un escenario cuyos hechos han agrietado la estructura de un gobierno que apenas sobrevive. Ellos no eran ejecutivos, académicos ni intelectuales; mucho menos catedráticos y, Dios los salve, de pensar por un segundo como analistas políticos.


Era gente que madrugaba día a día para trabajar en la jardinería, recogiendo basura o pintando residencias. En mi caso, me llamaban “el político”. Eran hombres sencillos, muy lejos de esa visión hipócrita en la que se mueve un sector de la sociedad puertorriqueña.


Sentencia final y firme en la acera

Dentro de esa tertulia de madrugada, nuestra sentencia era final y firme. Dictaminábamos nuestro juicio sobre el acontecer diario como si estuviésemos en un estrado. De manera que, sentados en la acera aunque fuesen escasos segundos, nos convertíamos en jueces. Sentenciábamos al más lindo y al más feo; repudiábamos la injusticia y la corrupción. En una isla donde los políticos se han robado el país, no nos quedaba de otra que disfrutar el pocillo de café mientras nos desahogábamos.


A veces llegaban los partidarios, los que hablaban de las intimidades de los candidatos y, créanme, nos dejaban sin habla por varios segundos.


El tintero de la acera y la rabia del presente

Sin embargo, el tiempo pasa. Algunos han dejado de trabajar y otros se han mudado, rompiendo la costumbre de sentarnos a conversar. Puerto Rico ha cambiado y yo tampoco soy el mismo. Quedan muchos temas en el tintero de la acera, pero el trabajo diario y las responsabilidades me han alejado de la estación.


Aun así, pienso en todo aquello que hemos atravesado como por ejemplo, el asunto de los escándalos de este gobierno que han inundado mi espíritu de rabia y coraje. Es una sensación difícil de describir. La impunidad salta a la vista; la manera en que los cabilderos políticos se despachan con el sufrimiento humano nos deja en un silencio atónito, sabiendo que podrán engañar al mundo entero menos a este pueblo.


Un pueblo que ya no calla

Pero no aprenden. Los políticos apenas comprenden los resultados de sus actos. No respetan a nuestra gente. La subestiman y piensan que el colectivo todo lo aguanta mientras se mantenga dentro de ese bipartidismo enfermo. Se equivocan. Cada acción tiene consecuencias, máxime ahora cuando las redes se han transformado en una herramienta poderosa y capaz de cambiar el rumbo político de cualquier lugar. 


Mientras tanto, aunque sea desde lejos, el pasado siempre me extiende su brazo y me saluda. Yo le extiendo el mío; a pesar del tiempo y el espacio, el vínculo de la madrugada seguirá en pie a menos que ya yo no esté presente.

Referencia

QUINTANA, E. V. (2017, September 11). ¿Quién debe ser juez o jueza en Puerto Rico?Retrieved from elpostantillano.net.